El proyecto
“El Espora tiene memoria” no nació como una investigación cerrada ni como una actividad con resultados previstos. Coordinado por el profesor de historia Sebastián Aguirre y la profesora de arte Estefania Pascal, en 2023, surgió a partir del programa
“Jóvenes y Memoria” organizado por
La Comisión por la Memoria en el cual: un grupo de estudiantes de la Escuela Secundaria N°14 “Tomás Espora”, en Temperley, comenzó a visitar espacios de memoria vinculados a la última dictadura militar.
Las primeras salidas educativas al
Pozo de Banfield y a la
ex ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) marcaron un punto de inicio en el proceso de los estudiantes de la escuela secundaria de Temperley. No solo les permitió conocer el funcionamiento del plan sistemático de desaparición de personas, sino que habilitó una pregunta clave para el proyecto educativo,
¿Existieron otros centros clandestinos cerca de su propio territorio?
“Yo soy consciente de qué pasó, pero empecé a tomar mucha más dimensión de lo grave que fue cuando empecé a recorrer los lugares. Ahí dije: ‘loco, sí pasó y fue gravísimo’”, expresó
Estefanía Solis estudiante de 6° 4°.
Del recorrido territorial a la construcción de conocimiento
En 2024, este proyecto se consolidó como un proceso sostenido de investigación. Los estudiantes ampliaron el mapa y comenzaron a reconstruir el llamado circuito Camps, una red de centros clandestinos que operó en el conurbano bonaerense.
Durante ese año recorrieron distintos espacios:
Pozo de Quilmes, el
“Infierno” de Avellaneda y la
Comisaría 5ª de La Plata, además de volver sobre sitios ya visitados. El dato no es menor: casi 200 kilómetros recorridos en transporte público, organizados desde la escuela, como parte de una propuesta pedagógica que entiende el territorio como aula.
“Una cosa es que te lo mencionen y otra cosa es ir a los lugares. Mientras te van contando es como que vas sintiendo el escalofrío”, señaló
Alma López presidenta del centro de estudiantes y alumna del curso 6° 1°.
A la par de las visitas, el proyecto incorporó testimonios directos. La escuela recibió a
Teresa Laborde, hija de
Adriana Calvo —testigo clave en el Juicio a las Juntas—, y a integrantes de la organización
HIJOS Lomas de Zamora, que aportaron relatos vinculados a la Masacre de Pasco, un hecho que atraviesa directamente a la comunidad local.
El trabajo del año concluyó con dos producciones significativas. un mural por los 40 años de democracia y un proyecto de investigación presentado en Chapadmalal, centrado en el funcionamiento del circuito Camps.
Aprender desde el testimonio y la experiencia
En 2025, el proyecto no solo se sostuvo, sino que se profundizó. La renovación de estudiantes y el interés creciente ampliaron nuevamente el recorrido, sumando el espacio de memoria
Puesto Vasco, en Bosques.
Pero el cambio más significativo fue cualitativo, los estudiantes comenzaron a dialogar directamente con sobrevivientes. Entre ellos,
Rubén Schell (Pozo de Quilmes) y
Hugo Colaone (Puesto Vasco), quienes compartieron sus experiencias en primera persona. A estas voces se sumó la de
Daniel Santucho Navajas, nieto recuperado por
Abuelas de Plaza de Mayo.
“Es otra forma de aprender que estar sentado con el librito. Es más didáctico y ves otro punto de vista, no solamente lo que te explican en el colegio”, explicó nuevamente
Estefanía Solis.
Estas instancias transformaron el proyecto, la memoria dejó de ser un contenido histórico para convertirse en una experiencia situada, con nombres, relatos y trayectorias concretas.
De la historia nacional a la memoria institucional
Fue en ese proceso donde emergió una nueva inquietud en los estudiantes.
"El proyecto fue generando cada vez mayor interés y despertó la pregunta de si en nuestra escuela hubo estudiantes desaparecidos, así que nos pusimos a investigar", contó
Sebastián Aguirre.
La pregunta marcó un punto de inflexión. En 2025, el Comercial de Temperley, la secundaria 14, se sumó al programa
“Detectives de memoria” impulsado por la Subsecretaria de Derechos Humanos del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, que propone investigar la historia de cada institución durante la dictadura.
A partir del vínculo con el colectivo
“Temperley tiene memoria” y el trabajo de
Patricia Rodríguez —referente local en la reconstrucción de historias de desaparecidos—, los estudiantes accedieron a documentación clave.
La investigación permitió reconstruir las trayectorias de vida de dos exalumnos de la escuela:
María Isabela Reynoso y
Norberto Julio Ramírez, desaparecidos por la última dictadura cívico-militar.
“Te hace ponerte en sus pantalones y decir: capaz soy yo”, reflexionó
Máximo Paz estudiante del curso 6° 4°. Y dándole una impronta de lo que significó para los estudiantes,
Alma López agregó
“Si nosotros estuviéramos en esa época, capaz nos harían algo. Son chicos de nuestra edad, eso es muy impactante”.
Investigar para recordar: el sentido pedagógico del proyecto
El proyecto involucra cada año a estudiantes de 4°, 5° y 6° año de distintas orientaciones. Su dinámica combina trabajo de campo (visitas a sitios de memoria), análisis de fuentes y bibliografía, encuentros con protagonistas y producciones colectivas (murales, investigaciones, presentaciones). Donde los estudiantes adquieren un rol protagónico en la construcción de este aprendizaje.
Lejos de una lógica conmemorativa aislada, la propuesta construye aprendizaje histórico situado, donde los estudiantes no solo acceden a información, sino que producen conocimiento a partir de preguntas propias.
El eje no es recordar el pasado de forma abstracta, sino comprender cómo ese pasado se inscribe en el territorio, en la comunidad y en la propia institución.
Una marca en la escuela, una marca en la memoria
El recorrido iniciado en 2023 encuentra en 2026 un punto de llegada —y, al mismo tiempo, de proyección—: la señalización de la escuela en homenaje a sus exalumnos desaparecidos.
“Para nosotros como escuela y parte de esta sociedad es muy importante poder visibilizar lo ocurrido en dictadura y siempre poner en valor el significado de MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA. El proyecto Detectives de Memoria, coordinado por los Profesores Estefania Pascal y Sebastián Aguirre permitió a nuestros estudiantes acercarse a esa parte de nuestra historia y reivindicar la memoria de dos personas que fueron estudiantes de nuestra escuela desaparecidos en la última dictadura militar. Para que esto no vuelva a repetirse nunca más.” nos expresó con mucho compromiso el director de la escuela,
Marcelo Nicolás Pericic.
El 19 de marzo, la comunidad educativa inaugurará en el colegio por primera vez un espacio de memoria institucional, recuperando las historias de:
• María Isabela Reynoso (“Chávela”), egresada en 1969, estudiante de Derecho, militante de la Juventud Peronista, secuestrada en 1977 en Temperley.
• Norberto Julio Ramírez (“Suki”), egresado en 1960, médico pediatra y ex preceptor de la escuela, secuestrado en 1978.
“Saber que hubo gente que estuvo en el colegio como nosotros y pasó por eso me emociona. Me dan ganas de llorar”, expresó
Milagros Solis estudiante de 6° 7°.
La señalización no es solo un acto simbólico. Es el resultado de un proceso educativo de tres años, donde la investigación, la experiencia y la participación estudiantil construyeron una memoria que antes no estaba sistematizada dentro de la institución.
“Hoy podemos hablar, hacer un mural, hacer un acto. Antes no era así. Eso te da más valor a lo que tenemos”, sostuvo
Alma López.
Un proyecto que transforma la relación con el pasado
El valor del proyecto no está únicamente en lo que recuerda, sino también en cómo lo hace: a partir de preguntas genuinas, trabajo en territorio, diálogo con testimonios y producción de conocimiento situado.
“Siento que esto también está bueno porque se está olvidando y es una forma de generar más conciencia”, concluyó
Estefanía Solis.
En ese proceso,
la escuela deja de ser solo un espacio de enseñanza para convertirse en un actor de memoria en su comunidad.
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