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Luz, Cámara e Inclusión, crear para incluir

Por: EDUCREAR  |  Viernes 10 de Abril de 2026

Un proyecto de una escuela mendocina impulsa a estudiantes a producir cortometrajes y fotografías sobre historias reales de su entorno, promoviendo inclusión y compromiso social.
 



Una estudiante enfoca su cámara en un vecino que, cada mañana, limpia la vereda de otros sin que nadie se lo pida. Otro grupo entrevista a una compañera que acompaña a sus pares cuando tienen dificultades. En la Escuela Dr. José Vicente Zapata, en Mendoza, estas escenas no son ejercicios aislados, forman parte de “Luz, Cámara e Inclusión”, un proyecto impulsado por Claudio Peña, director de la institución, que transforma la producción audiovisual en una herramienta para mirar la realidad y aprender desde ella.

La propuesta surge como una respuesta a una preocupación pedagógica concreta: cómo lograr que los estudiantes no solo consuman tecnología, sino que puedan utilizarla para interpretar y narrar su propio entorno. En un contexto donde lo digital muchas veces queda reducido al uso instrumental, el equipo institucional impulsó un proyecto que articula lenguajes audiovisuales con contenidos vinculados a la inclusión, la convivencia y la participación social.

Del proyecto institucional a una experiencia sostenida

La iniciativa comenzó como una experiencia escolar y, con el tiempo, se consolidó como un festival educativo que hoy involucra a instituciones de distintas provincias y también del exterior. Su crecimiento no se explica solo por su formato de concurso, sino por la potencia de una propuesta donde los estudiantes producen, investigan y construyen sentido a partir de situaciones reales.

El proyecto se organiza en torno a una consigna temática anual que orienta el trabajo en las aulas. En 2026, el eje está puesto en los “micro héroes”: personas que, a través de acciones cotidianas, generan cambios significativos en su entorno inmediato. Esta definición funciona como punto de partida para que los estudiantes observen su contexto, identifiquen historias y construyan relatos con sentido.

El trabajo se desarrolla en equipos de hasta cuatro estudiantes, acompañados por un docente orientador. A lo largo del proceso, los grupos deben tomar decisiones narrativas —qué historia contar, desde qué perspectiva, con qué enfoque— y resolver aspectos técnicos vinculados a la producción audiovisual o fotográfica. El formato es abierto: pueden realizar documentales, ficciones, entrevistas o piezas breves pensadas para redes sociales.

Desde el enfoque didáctico, la propuesta se inscribe en una lógica de aprendizaje basado en proyectos, donde el conocimiento se construye a partir de un desafío concreto. El uso de herramientas digitales —cámaras, celulares, edición— se integra como medio para expresar ideas, no como un objetivo en sí mismo. El proceso incluye instancias de investigación, registro, producción y reflexión, articulando saberes técnicos con habilidades sociales y comunicativas.



El valor educativo de la experiencia

Más allá de los productos finales, el proceso evidencia transformaciones en la forma en que los estudiantes se vinculan con su realidad. La consigna de “micro héroes” habilita una observación más atenta del entorno y permite resignificar acciones cotidianas que suelen pasar desapercibidas. En ese recorrido, se fortalecen capacidades como el trabajo colaborativo, la planificación, la toma de decisiones y la comunicación.

También se registra una participación sostenida de instituciones de distintos contextos, lo que amplía el alcance del proyecto y genera instancias de intercambio entre estudiantes que producen desde realidades diversas. Este aspecto convierte al festival en un espacio de circulación de experiencias, donde las producciones no solo se presentan, sino que dialogan entre sí.

Con más de una década de desarrollo y su 15ª edición en curso, el proyecto logró consolidarse como una práctica institucional sostenida. Su expansión a otras provincias y países muestra que la propuesta encuentra resonancia en distintos contextos educativos.

En ese recorrido, Claudio Peña, director de la institución, señala: “Estamos muy contentos de festejar 15 años de un proyecto que empezó como una iniciativa institucional, luego creció a nivel provincial, nacional y hoy también es internacional. Trabajamos temáticas vinculadas a la inclusión y a lo que preocupa a nuestros estudiantes. En esta edición buscamos visibilizar acciones solidarias que muchas veces son anónimas, a las que llamamos microhéroes.”

Más que un modelo replicable de manera directa, la experiencia ofrece aprendizajes transferibles: trabajar con problemas reales, promover la creación de los estudiantes y utilizar la tecnología como herramienta para construir sentido.

“Luz, Cámara e Inclusión” pone en evidencia que la innovación pedagógica no siempre depende de grandes reformas, sino de decisiones concretas sobre qué lugar ocupan los estudiantes en el aprendizaje. Cuando el aula se convierte en un espacio para observar, narrar y producir, el aprendizaje se conecta con la realidad y adquiere sentido. En ese recorrido, la escuela habilita formas de comprender a los otros y de construir vínculos más conscientes dentro de la comunidad.
 

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