En el laboratorio de la
E.E.P. N.º 968 "Carmen Sixta Méndez de Alemani", una pregunta suele ser el punto de partida de cada encuentro.
¿Por qué ocurre un determinado fenómeno? ¿Cómo se puede comprobar una hipótesis? ¿Qué soluciones pueden encontrarse para un problema del entorno? Las respuestas nunca llegan de inmediato. Los estudiantes observan, registran datos, experimentan, comparan resultados y vuelven a empezar si es necesario. Allí, la ciencia no se memoriza: se construye.
Esa forma de aprender resume el recorrido del
Club de Ciencias "Neptunio", una propuesta que comenzó hace más de diez años y fue consolidándose de manera gradual hasta convertirse en un espacio permanente donde investigar forma parte de la experiencia educativa. Si bien durante sus primeros años estuvo orientada principalmente al trabajo con los estudiantes de la institución, en los últimos dos años fortaleció su vínculo con la comunidad, amplió la participación de alumnos de otras escuelas de la localidad e incorporó nuevas propuestas, como la robótica educativa y proyectos de investigación con mayor impacto territorial.
Una decisión que cambió la forma de enseñar ciencias
El Club nació con el propósito de despertar la curiosidad científica de los estudiantes, pero su permanencia fue posible gracias a una decisión institucional, comprender que la educación científica no debía limitarse al horario de clases ni a contenidos curriculares específicos. Con el acompañamiento del equipo directivo, la escuela fortaleció el uso del laboratorio escolar, promovió la participación de los estudiantes en actividades extracurriculares y sostuvo encuentros periódicos que dieron continuidad a los proyectos de investigación. Lo que comenzó como una actividad complementaria terminó convirtiéndose en un espacio permanente de formación científica, abierto al trabajo colaborativo y a la participación estudiantil.
Actualmente el Club reúne a alrededor de 26 estudiantes y, desde su creación, participaron más de cincuenta niños y jóvenes.
El profesor Elio Ibañez, coordinador del Club de Ciencias, lleva adelante esta propuesta de manera ad honorem, dedicando parte de su tiempo fuera del horario escolar a planificar actividades, acompañar investigaciones y organizar la participación de los estudiantes en ferias y encuentros científicos. Para él, el mayor reconocimiento no está en los proyectos o las distinciones obtenidas, sino en ver cómo los estudiantes crecen, ganan confianza y descubren capacidades que muchas veces ni ellos mismos sabían que tenían.
"Muchos chicos llegan con curiosidad y ganas de aprender. Aquí descubren que investigar no es algo imposible ni lejano, sino un proceso que pueden realizar ellos mismos observando, preguntando, experimentando y sacando conclusiones."
Aprender investigando
Las actividades del Club parten siempre de problemas concretos. Cada investigación invita a formular preguntas, buscar información, diseñar experiencias, analizar resultados y comunicar conclusiones.
Ese proceso convierte a los estudiantes en protagonistas de sus aprendizajes y les permite desarrollar habilidades que trascienden las ciencias naturales, como el pensamiento crítico, la comunicación, el trabajo colaborativo y la autonomía.
Con el paso de los años, las investigaciones fueron creciendo en complejidad. Los primeros proyectos estuvieron orientados a experiencias de laboratorio, la separación de mezclas, la observación de fenómenos físicos y químicos y el reconocimiento de la biodiversidad local. Más adelante incorporaron problemáticas ambientales, el aprovechamiento responsable de los recursos naturales y propuestas vinculadas con la educación científica en el territorio. Cada nueva experiencia amplió las posibilidades del Club y fortaleció una cultura escolar donde preguntar, investigar y compartir conocimientos pasó a formar parte de la vida cotidiana.
Proyectos que nacen del territorio
Una de las características que distingue al
Club de Ciencias "Neptunio" es que sus investigaciones surgen de situaciones presentes en la comunidad. A lo largo de estos diez años los estudiantes desarrollaron proyectos relacionados con la biodiversidad, el ambiente, los recursos naturales y la concientización ambiental, buscando que la ciencia dialogara con la realidad de su entorno.
Ese recorrido alcanzó una nueva etapa con "Sembrando Conciencia por un Futuro Mejor", el proyecto que actualmente impulsa el Club.
La investigación trabaja sobre la obtención y el aprovechamiento del aceite de ricino proveniente del tártago, una planta presente en la región. La propuesta busca promover alternativas sustentables, generar conciencia sobre el uso responsable de los recursos naturales y demostrar cómo una investigación escolar puede aportar conocimientos con impacto en la comunidad.
Más allá de los resultados científicos, el proyecto permite que los estudiantes recorran todas las etapas de una investigación: observan el entorno, formulan preguntas, diseñan procedimientos, analizan información, elaboran conclusiones y comunican públicamente el trabajo realizado. El Concejo Municipal de Pampa del Indio reconoció esa experiencia al declarar el proyecto de interés municipal, destacando su aporte a la educación científica, la conciencia ambiental y la participación activa de los estudiantes.
Cuando la ciencia sale de la escuela
A lo largo de su trayectoria, y especialmente durante los últimos años, el Club participó en Ferias de Ciencias escolares, regionales y provinciales, además de representar a la institución en encuentros como
"Científicos por un Día", fortaleciendo también las actividades de divulgación científica y el trabajo junto a otras instituciones y organizaciones de la comunidad.
Cada presentación significó mucho más que exponer un proyecto. Para muchos estudiantes fue la primera oportunidad de explicar públicamente una investigación, responder preguntas de evaluadores e intercambiar experiencias con otros jóvenes.
Renata Bóveda, estudiante, asegura que esa experiencia cambió su manera de aprender.
"Para mí, el Club de Ciencias es un lugar donde puedo aprender cosas nuevas y compartirlas con otras personas. Aprendí a investigar, a trabajar en equipo y a perder el miedo de hablar frente a otras personas. Gracias al club descubrí que la ciencia puede ser divertida e interesante y que todos podemos aportar ideas para mejorar nuestra comunidad."
Una vivencia similar comparte
la estudiante Zoe Fernández. "Participar del club me ayudó a tener más confianza en mí misma. Aprendimos a hacer experimentos, a buscar información y a resolver problemas. Lo que más me gusta es que siempre estamos descubriendo algo nuevo y compartiendo experiencias con compañeros de distintas escuelas."
Un espacio donde también se construyen trayectorias
Para
el Profesor Elio Ibañez, los cambios más importantes no siempre aparecen en los proyectos o los reconocimientos obtenidos. Recuerda especialmente a una estudiante que durante sus primeros meses en el Club evitaba hablar frente a sus compañeros. Con el tiempo comenzó a formular preguntas, proponer ideas y asumir responsabilidades dentro del equipo, hasta convertirse en una de las encargadas de presentar una investigación en una Feria Provincial de Ciencias.
También recuerda una jornada en la que varios estudiantes compartieron experiencias personales y situaciones difíciles que atravesaban. Aquel día comprendió que el Club había dejado de ser únicamente un espacio de investigación para transformarse en un lugar de pertenencia, escucha y acompañamiento.
"Lo que más me emociona es ver cómo los estudiantes crecen. Algunos llegan con timidez o inseguridad y, con el tiempo, se convierten en protagonistas de sus propios aprendizajes. El club les demuestra que son capaces de investigar, crear, trabajar en equipo y aportar soluciones a problemas reales. Ese es, sin dudas, el mayor logro que podemos alcanzar."
Una comunidad que acompaña
El crecimiento del Club también se explica por el trabajo conjunto con docentes, equipo directivo, familias, instituciones educativas, organismos municipales y organizaciones de la comunidad, que colaboran en talleres, actividades de divulgación científica, campañas de concientización y proyectos compartidos.
La directora de la institución, Alicia Milessi, destaca el valor educativo de la propuesta.
"El Club de Ciencias Neptunio representa una oportunidad invaluable para nuestros estudiantes. No solo fortalece los aprendizajes científicos, sino que también promueve valores, inclusión, compromiso y participación comunitaria. Es un espacio que trasciende el aula y permite que los niños y jóvenes desarrollen habilidades que los acompañarán durante toda su vida."
Mirar hacia el futuro sin perder la curiosidad
Después de más de diez años de trabajo sostenido, el
Club de Ciencias "Neptunio" continúa incorporando nuevos desafíos. En esta etapa, marcada por una mayor apertura hacia la comunidad y el trabajo conjunto con otras instituciones educativas, comenzó a integrar propuestas de robótica educativa y programación como herramientas para potenciar la investigación escolar. Al mismo tiempo, impulsa la organización de la primera Fiesta de la Ciencia de Pampa del Indio, un encuentro pensado para acercar experiencias científicas, talleres y actividades participativas a toda la comunidad.
Sin embargo, el objetivo sigue siendo el mismo que dio origen al proyecto, ofrecer a los estudiantes un espacio donde puedan investigar, crear y descubrir que sus ideas también pueden generar conocimiento.
Después de una década de trabajo, el
Club de Ciencias "Neptunio" dejó de ser una actividad extracurricular para convertirse en parte de la identidad de la
E.E.P. N.º 968 "Carmen Sixta Méndez de Alemani" en Pampa del Indio, en la Provincia del Chaco. Su mayor aporte no se mide únicamente por los proyectos desarrollados, las ferias recorridas o los reconocimientos obtenidos, sino por haber demostrado que la investigación puede ocupar un lugar cotidiano en la escuela y que, cuando los estudiantes encuentran un espacio para preguntar, experimentar y compartir lo que descubren, la ciencia se transforma en una experiencia que deja huella mucho más allá del laboratorio.
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