La Bisagra comenzó trabajando con técnicas de estudio generales. Cómo hacer un resumen, comprender un texto, redactar, preparar un examen, construir un mapa conceptual o explicar un tema forman parte de habilidades que atraviesan la vida escolar y que, muchas veces, se dan por supuestas.
A partir de esa experiencia, hace aproximadamente tres años, sus autores detectaron una necesidad más específica. Si ya existían pocos materiales dedicados a enseñar a estudiar,
eran todavía más escasos aquellos pensados para acompañar a estudiantes con distintas discapacidades o condiciones.
Así surgió la colección
Técnicas de Estudio Inclusivas, integrada actualmente por seis títulos sobre
TDL, discapacidad visual, dislexia, hipoacusia, TDAH y TEA. En total, La Bisagra cuenta con veinte libros vinculados con técnicas de estudio, catorce de carácter general y seis inclusivos.
Una propuesta que también acompaña a quienes enseñan
Una de las principales diferencias entre las técnicas de estudio convencionales y esta colección está en sus destinatarios. Mientras muchos materiales están pensados para ser utilizados directamente por el estudiante,
las técnicas inclusivas amplían el foco hacia las personas que acompañan su trayectoria educativa. Familias, docentes de educación común y especial, profesionales de apoyo, acompañantes terapéuticos, psicopedagogos y fonoaudiólogos forman parte del público al que apuntan estos libros.
Para Mauricio Fau, uno de los autores de la colección y responsable de La Bisagra, esta amplitud responde a una realidad concreta. En una misma aula pueden convivir estudiantes con necesidades muy diferentes y, al mismo tiempo, el docente debe sostener la enseñanza del conjunto del curso. Por eso, una de las búsquedas de la colección fue ofrecer recursos que puedan trasladarse con rapidez a la práctica.
La propuesta, sin embargo, no se limita a una lista de recomendaciones. Mauricio remarca que también es importante que docentes y familias comprendan el contexto de cada situación antes de aplicar una estrategia.
Cómo están organizados los libros
Los seis títulos mantienen una estructura similar. Cada libro comienza con una introducción general sobre la condición que aborda. Allí se presentan de manera breve sus características, posibles causas, aspectos vinculados con el diagnóstico y los tratamientos, además del contexto social y familiar.
Luego aparecen los tips, ejercicios y herramientas de aplicación práctica, algunos destinados a las familias y otros pensados para docentes y situaciones concretas del aula.
La parte final de los libros incorpora ejemplos de aplicación en materias específicas.
La intención es que las estrategias no queden en un plano abstracto, sino que puedan llevarse a situaciones reales de estudio.
La organización del tiempo, la planificación, la comprensión lectora, la memoria y la atención también ocupan un lugar importante. Dentro del catálogo general de La Bisagra existe un título dedicado específicamente a cómo leer y comprender lo que se lee y otro orientado a memoria y atención, que incluye análisis de distintos tipos de memoria y ejercicios concretos.
El desafío de enseñar a estudiar
Otro de los ejes que trabaja La Bisagra es la transición entre la escuela secundaria y los estudios superiores. En ese pasaje suelen hacerse más visibles algunas dificultades vinculadas con habilidades básicas para estudiar, como comprender un texto, redactar, elaborar un resumen, ampliar el vocabulario o construir un mapa conceptual.
Cuando estas herramientas no se consolidaron previamente, pueden convertirse en obstáculos para sostener nuevas exigencias académicas.
Uno de los aspectos que trabajan los libros son las llamadas operaciones discursivas y cognitivas. Describir, explicar, definir, argumentar o fundamentar aparecen de manera constante en las consignas escolares y universitarias, pero no siempre se enseña con claridad qué implica cada una.
Distinguir esas operaciones puede ayudar tanto a interpretar una consigna como a construir una respuesta adecuada.
Desde La Bisagra, plantean estos libros como materiales pequeños, de consulta rápida, que puedan circular entre distintos actores de la comunidad educativa y transformarse en herramientas de uso cotidiano.
La devolución que más valoran es sencilla. Cuando una persona utiliza uno de los libros, vuelve y elige otros títulos porque el primero le resultó útil, los autores sienten que la propuesta cumplió su objetivo.
La colección, además, no está cerrada. Sus autores ya reciben pedidos para incorporar nuevas temáticas y reconocen que todavía existen muchas necesidades por abordar.
El desafío sigue siendo convertir conocimiento pedagógico y experiencia profesional en recursos concretos para estudiar, enseñar y acompañar.Otras notas de esta sección