Una necesidad concreta del
Hospital Interzonal General de Agudos “Dr. Oscar E. Alende” se transformó en una experiencia de aprendizaje para estudiantes de la
Educación Profesional Secundaria (EPS) del
Centro de Formación Profesional N.º 403 “René Favaloro”, de General Pueyrredon.
El proyecto culminó el 2 de julio con la entrega de 38 mantas confeccionadas por los propios estudiantes para el sector de internación del hospital.
La iniciativa surgió a partir de una articulación entre ambas instituciones. El
CFP N.º 403, que lleva 51 años de trayectoria, había comenzado a implementar en 2023 un grupo de EPS vinculado al área textil. A comienzos de este año, ambas instituciones formalizaron un acuerdo de cooperación que dio lugar a distintas iniciativas conjuntas.
Una de ellas apareció cuando desde el hospital plantearon que disponían de telas, pero no contaban con personal suficiente para responder a la demanda. El centro de formación ofreció entonces colaborar y convirtió esa necesidad en una propuesta educativa: el hospital aportó la materia prima y los estudiantes asumieron el proceso de producción de las mantas.
Una producción real para integrar aprendizajes
La confección permitió reunir conocimientos que habitualmente se trabajan en diferentes momentos de la formación.
Tizada, corte, confección y control de calidad dejaron de aparecer como operaciones aisladas y pasaron a formar parte de un mismo proceso productivo.
La experiencia comenzó con el análisis de la demanda y de las características que debía reunir el producto. Los estudiantes trabajaron sobre medidas, tipo de tela, terminaciones, resistencia, abrigo y facilidad de lavado. Luego organizaron equipos, distribuyeron responsabilidades y establecieron un cronograma.
La tizada exigió definir medidas, reconocer el sentido del hilo y analizar las características del tejido para aprovechar el material. En el corte cobraron importancia el tendido y la alineación de la tela, la verificación de las medidas, el orden del espacio y el uso seguro de las herramientas.
Durante la confección, los estudiantes debieron preparar y regular las máquinas industriales, seleccionar puntadas, realizar costuras, refuerzos y dobladillos y resolver problemas propios de una producción, como roturas de hilo, agujas o desvíos en las costuras.
El control de calidad atravesó todo el trabajo. Las mantas fueron revisadas para detectar posibles fallas, verificar medidas y comprobar las terminaciones antes de la entrega. De ese modo, la calidad dejó de entenderse solamente como una revisión final y pasó a formar parte de cada etapa.
Un desafío que incorporó nuevos saberes
El proyecto también presentó situaciones que obligaron a ampliar los conocimientos adquiridos. Uno de los principales desafíos apareció durante el corte, cuando se incorporó una cortadora circular para mejorar los tiempos y el acabado de las piezas.
Hasta entonces, los estudiantes habían realizado esa tarea con tijeras.
La nueva herramienta implicó desarrollar una habilidad técnica específica y, al mismo tiempo, reforzar la responsabilidad vinculada con las normas de seguridad necesarias para utilizarla.
La producción puso así en relación aprendizajes construidos durante los cuatro niveles de formación: interpretación de consignas y documentación técnica, reconocimiento y aprovechamiento de materiales, tizada, corte, operación de máquinas, costura, terminaciones y aplicación de normas de seguridad e higiene.
A esos conocimientos se sumaron capacidades que atraviesan el desempeño profesional: organizar tiempos, asumir responsabilidades, trabajar con otros, resolver dificultades, tomar decisiones y evaluar el propio trabajo.
Cuando el producto tiene un destinatario
La existencia de un destinatario real modificó además el sentido de la tarea. Cada medida, costura y terminación tendría consecuencias fuera del entorno formativo: las mantas serían utilizadas en una institución de salud.
Ese componente permitió acercar el aula-taller a condiciones propias de una situación laboral. El avance de una etapa dependía del cumplimiento de la anterior y el trabajo individual incidía sobre el resultado colectivo. La organización de la producción se convirtió, de esa manera, en otro contenido de aprendizaje.
El proyecto fue pensado desde el
Aprendizaje Basado en Proyectos, con la práctica como organizadora de los aprendizajes y con una articulación entre teoría, trabajo colaborativo, autonomía y responsabilidad.
Desde la mirada docente, esa condición permitió pasar de una situación simulada a una experiencia productiva con consecuencias concretas.
Un error ya no suponía solamente corregir una operación técnica: también podía alterar tiempos, afectar otras tareas o modificar la calidad del producto que recibiría otra persona.
Formación profesional vinculada con la comunidad
La entrega de las 38 mantas mostró otra dimensión de la experiencia. Los conocimientos desarrollados durante la formación encontraron una aplicación concreta frente a una necesidad del territorio y permitieron vincular educación, trabajo y participación comunitaria.
Para la Educación Profesional Secundaria, la articulación con instituciones del territorio ofrece la posibilidad de situar los aprendizajes en escenarios concretos. En este caso, la relación entre el CFP N.º 403 y el Hospital Interzonal “Dr. Oscar E. Alende” permitió que una necesidad hospitalaria se convirtiera en una experiencia educativa atravesada por decisiones, dificultades y responsabilidades reales.
Las 38 mantas fueron el resultado visible del proyecto. Detrás de ellas quedó un proceso en el que los saberes textiles construidos durante la formación se integraron con capacidades profesionales y una pregunta que amplió el sentido de aprender un oficio: no solamente cómo producir, sino también para qué, para quiénes y junto a quiénes hacerlo.Otras notas de esta sección