
Equipo que llevo adelante el proyecto.
Una pregunta abrió el camino en la
Escuela Técnica N.º 5 de Temperley:
¿por qué no aprovechar el potencial energético de los plásticos descartados? La planteó un estudiante de séptimo año, hoy egresado, y terminó convirtiéndose en el punto de partida de
PP Argento. Meses después, aquella inquietud ya había pasado a la experimentación: estudiantes y docentes construyeron reactores en el taller, enfrentaron fallas, buscaron soluciones y volvieron a probar. Un recorrido en el que el aprendizaje avanzó al mismo ritmo que el proyecto.
El antecedente se remonta a fines del año pasado, cuando el equipo había ganado el
Concurso de Innovación Tecnológica de Lomas de Zamora con otro proyecto, “Tu chatarra es oro puro”. Fue entonces cuando surgió la propuesta de investigar si era posible obtener combustible a partir de residuos plásticos. A principios de este año, el equipo docente y estudiantes de cuarto año de Electromecánica comenzaron a estudiar la viabilidad de la pirólisis térmica y avanzaron hacia la construcción de un reactor a escala de laboratorio en los talleres de la escuela.
La experiencia buscó articular dos propósitos. Por un lado, explorar una alternativa para aprovechar determinados residuos plásticos mediante su transformación en productos líquidos y gaseosos. Por otro, convertir ese desafío en una instancia de formación científica y tecnológica para los estudiantes, vinculando conocimientos de química y electromecánica con problemas que debían resolver durante el desarrollo del proyecto.
Cuando la teoría llegó al taller
El procedimiento investigado por
PP Argento es la
pirólisis térmica, un proceso de descomposición de polímeros mediante temperaturas de entre 450 y 500 °C en ausencia de oxígeno. Según explicó a EDUCREAR el docente
Pablo Enjo, trabajan con poliolefinas —PEAD, PEBD y PP— y parte del material utilizado provino de descartes industriales donados por
IVESS.
El reactor fue construido en los propios talleres. Para hacerlo, el equipo modificó una olla a presión de aluminio e incorporó distintos componentes. El proyecto combinó conocimientos de Química, necesarios para comprender el proceso y controlar las condiciones en las que se realiza, con técnicas de mecanizado, soldadura y ajuste provenientes de Electromecánica. También desarrollaron un sistema de condensación con serpentinas y un divisor de gases.

Joaquin Magis mostrándole al director Sandro Amiel el gas de síntesis obtenido.
Pero el dispositivo actual no apareció en el primer intento. El recorrido incluyó sucesivas fallas que obligaron al grupo a revisar lo construido. En el primer reactor tuvieron problemas de temperatura y debieron realizar una nueva tapa maciza. En el segundo aparecieron obstrucciones provocadas por ceras y parafinas. Actualmente trabajan con un tercer reactor y, de acuerdo con Enjo, avanzan además en la fabricación de un mechero alimentado con aceite recuperado de automóviles para abastecer energéticamente el proceso.
Esa sucesión de problemas terminó convirtiéndose en una parte central del aprendizaje.
“Se nos fueron presentando constantemente problemas o fallos en el planteamiento, que fuimos nosotros, junto a los profes, los que teníamos que resolver”, contó el estudiante,
Joaquín Magis. Para él, la experiencia implicó comenzar a
“pensar como lo haría un ingeniero o un técnico en la vida real”: plantear alternativas, descartar algunas, probar otras y recurrir a conocimientos adquiridos en el taller.
El trabajo tampoco se organiza de manera individual. Magis destacó que cada integrante cumple un papel y colabora en la resolución de los problemas, mientras aprende a trabajar de manera más eficiente con sus compañeros. En ese recorrido, señaló que también incorporan conocimientos técnicos, químicos y físicos vinculados con el proceso y con el aprovechamiento de los productos obtenidos a partir del reciclaje de plásticos.
Aprender de los errores y sostener una idea
PP Argento está integrado por los estudiantes
Joaquín Magis, Bautista Orzuza, Alejo Ottaviano, Joaquín Centurión e
Ignacio Moreira de Luca, junto con
Enjo como asesor docente. También participan el asesor científico-tecnológico
Antonio Cuella y el gestor de recursos
Javier Márquez, además del acompañamiento de los
directivos y la
Cooperadora Escolar.
Para Enjo,
el proceso está desarrollando capacidades de investigación aplicada, pensamiento crítico y resolución de problemas en tiempo real. Los testimonios de los estudiantes permiten observar cómo esas capacidades aparecen en situaciones concretas y, sobre todo, cómo el proyecto modificó su manera de pensar el aprendizaje.

Experimentación y trabajo colaborativo durante una de las pruebas.
Joaquín Centurión destacó la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos y comprobar que una propuesta inicial podía transformarse en algo concreto. En su experiencia, la planificación, el trabajo coordinado, la perseverancia y el rigor técnico fueron determinantes para atravesar los problemas que aparecieron durante el proceso. La creatividad, sostuvo, necesita estar acompañada por una ejecución organizada y compromiso para convertirse en una solución posible.
Alejo Ottaviano recuperó otra dimensión del recorrido.
“Lo más importante que aprendí participando del proyecto es que no hay que guardarse las ideas porque pensamos que van a ser inútiles o de poca ayuda, sino que hay que hablarlas, explicarlas y, si es posible, intentar llevarlas a cabo”, señaló. Para él, ver cómo una idea surgida de un exalumno comenzó a materializarse también reforzó su conciencia sobre el problema de la contaminación.
La reflexión reaparece en el testimonio de Magis. Después de atravesar pruebas, errores y modificaciones, destacó que haber llevado adelante un proyecto de esa escala a partir de una idea vinculada con reciclar residuos y convertirlos en combustible les mostró que una propuesta aparentemente sencilla puede generar un recorrido mucho mayor cuando se decide ponerla a prueba.
Enjo indicó que alcanzaron una conversión líquida de entre 80% y 90% y que utilizaron el combustible obtenido en el motor de una motocicleta de 150 cc, donde observaron un funcionamiento estable. El docente también señaló que durante una destilación fraccionada identificaron un producto que atribuyeron a hexano. Estos resultados corresponden a las pruebas realizadas y reportadas por el propio equipo del proyecto.
Las experiencias se realizan bajo un protocolo de seguridad que, según explicó el profesor, incluye anteojos de policarbonato, guantes criogénicos, delantales ignífugos y matafuegos, además de pruebas en entornos controlados, sistemas de extracción, válvulas de alivio y supervisión permanente de las fuentes de calor.

Medición de la temperatura durante una de las pruebas del proyecto.
El desafío de llevar la experiencia más lejos
Con el tercer reactor en funcionamiento, el equipo ya piensa en una nueva etapa. El profesor Enjo sostiene que PP Argento alcanzó viabilidad técnica a escala de banco y plantea como próximo objetivo avanzar hacia
una planta piloto en centros de acopio de Lomas de Zamora. También señaló que recibieron contactos desde otras localidades y provincias interesadas en conocer la experiencia.
Esa proyección, sin embargo, encuentra un límite concreto. El docente identifica la falta de recursos económicos como el principal obstáculo para realizar nuevas pruebas y validar otras líneas de investigación que el grupo busca desarrollar.
Más allá de hasta dónde pueda escalar el dispositivo, el recorrido ya dejó un resultado dentro de la escuela: estudiantes que tuvieron que enfrentarse a problemas sin una solución previamente establecida, recuperar conocimientos aprendidos en clase y en el taller, discutir alternativas y comprobarlas mediante la experimentación.
PP Argento comenzó con la pregunta de un estudiante y avanzó porque otros decidieron trabajar sobre ella. En esa trayectoria, la experiencia pone en primer plano una característica de la educación técnica que atraviesa los testimonios del grupo: una idea puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje cuando encuentra un espacio para ser discutida, construida, puesta a prueba y, cuando falla, vuelta a pensar.Otras notas de esta sección