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Río Negro fortalece el acceso al esquí escolar

Por: EDUCREAR  |  Miércoles 30 de Septiembre de 2026

Con varios años de trayectoria en la provincia, el programa Esquí y Montaña Escolar continúa acercando a estudiantes de la Zona Andina a prácticas propias de su territorio. Con traslados, equipamiento e instructores garantizados por la Provincia, la propuesta combina actividad física, aprendizaje, autonomía y una relación diferente con el ambiente.



Para miles de estudiantes de Río Negro, aprender durante el invierno también significa salir de la escuela y encontrarse con la montaña. Esquí y Montaña Escolar propone que chicos y chicas de la Zona Andina accedan a experiencias que forman parte de la identidad regional, pero que no necesariamente están al alcance de todos.

La iniciativa es desarrollada por el Gobierno de Río Negro a través del Ministerio de Educación y Derechos Humanos. Durante agosto, septiembre y octubre, las actividades se despliegan en San Carlos de Bariloche, El Bolsón y Villa Llanquín, con propuestas vinculadas con el esquí y la montaña.

En Bariloche, la edición 2026 contempla actividades para estudiantes de escuelas primarias públicas y de gestión social. La información oficial provincial indica que 1.650 estudiantes de sexto grado participan de esquí y otros 1.550 de propuestas de montaña. En El Bolsón, el programa incluye a 306 estudiantes de quinto y sexto año de escuelas secundarias de esa localidad, Ñorquinco y El Manso.

Una política para acceder al territorio

El funcionamiento del programa requiere una organización que comienza antes de que los estudiantes lleguen a la montaña. El Estado provincial garantiza traslados, pases, equipamiento e instructores, componentes que buscan remover barreras económicas y logísticas para participar.

En Bariloche, las jornadas de esquí se realizan en el Cerro Catedral, mientras que Villa Llanquín recibe actividades de montaña como trekking y escalada. El programa también se desarrolla en el Cerro Perito Moreno, en El Bolsón.

La propuesta adquiere así una dimensión que excede la enseñanza de una práctica deportiva. Angélica Romani, directora de Educación Física, Artística, Deportes, Cultura y Clubes Escolares, plantea que la escuela ofrece la posibilidad de acceder a espacios y experiencias que muchas veces no forman parte de la vida cotidiana de los estudiantes.

“La montaña deja de ser un paisaje que se observa nada más, y se convierte en un territorio que se recorre, se experimenta, se disfruta y se aprende a cuidar y defender”, explica Romani.

Ese cambio de perspectiva constituye uno de los ejes pedagógicos de la iniciativa: acercar a los estudiantes a un ambiente que forma parte de la identidad cultural y natural de la región y generar condiciones para que puedan conocerlo desde la experiencia.



Aprender frente a un desafío nuevo

El encuentro con la montaña también supone enfrentarse a situaciones desconocidas. Asombro, miedo, incertidumbre y alegría aparecen, según los responsables del programa, durante las primeras jornadas. El acompañamiento de docentes, instructores y compañeros busca que esa experiencia inicial se transforme progresivamente en aprendizaje.

Romani destaca que en ese proceso se ponen en juego la autonomía, la toma de decisiones, la confianza, la convivencia, el cuidado personal y colectivo y la capacidad de resolver situaciones nuevas.

La experiencia tiene además una particularidad: el aprendizaje ocurre fuera del espacio escolar habitual, pero mantiene una intencionalidad pedagógica. “El aula se traslada a la montaña para continuar aprendiendo con otros/as”, sintetiza la directora.

Desde esa perspectiva, esquiar, caminar o recorrer un ambiente natural son puntos de partida para trabajar saberes y prácticas corporales, pero también para construir otras maneras de relacionarse con los compañeros y con el territorio.

Cuando esquiar también significa pertenecer

Aixa Carosio, coordinadora de Esquí y Montaña Escolar para Educación Primaria en Bariloche, observa que la experiencia permite que niños y niñas se acerquen a una actividad estrechamente asociada con la ciudad en la que viven.

Durante las jornadas aprenden cuestiones técnicas como reconocer las partes del esquí, colocárselo, deslizarse, frenar y girar. Al mismo tiempo, según Carosio, aparecen aprendizajes vinculados con el respeto, la solidaridad, la paciencia y el acompañamiento entre pares.

La coordinadora destaca especialmente el descubrimiento de las propias capacidades. En sus conversaciones, algunos estudiantes comienzan incluso a imaginar nuevas posibilidades relacionadas con la montaña: continuar esquiando, enseñar a otros o pensar en trabajos vinculados con ese ambiente.

En El Bolsón, el coordinador Julio Silva señala otra barrera que el programa busca atravesar. Para muchos jóvenes, sostiene, actividades regionales como el esquí, el senderismo, la escalada o el rafting pueden resultar lejanas por razones económicas, por desconocimiento o por las representaciones construidas alrededor de esas prácticas.

La experiencia en el Cerro Perito Moreno busca modificar esa distancia mediante jornadas en un entorno cuidado y acompañado. Silva sostiene que la propuesta impacta también en los docentes que participan y permite conocer el paisaje invernal y el bosque nativo desde una perspectiva diferente.



El valor educativo de ampliar experiencias

Esquí y Montaña Escolar se apoya en una idea que atraviesa los testimonios de sus responsables: conocer el territorio también puede ser parte de la experiencia educativa.

La posibilidad de acceder a la montaña mediante la escuela amplía el repertorio de experiencias de estudiantes que, aun viviendo cerca de estos espacios, no necesariamente habían tenido oportunidades de recorrerlos o practicar actividades asociadas con ellos.

Para Romani, allí se encuentra una dimensión central del programa como política pública. La propuesta vincula el acceso a estos ambientes y prácticas con el derecho a aprender, participar y transitar experiencias educativas diversas.

La montaña deja entonces de funcionar únicamente como escenario. Se convierte en un espacio donde aprender una práctica corporal, enfrentar desafíos, tomar decisiones, convivir con otros y reconocer el ambiente que rodea a las comunidades de la Zona Andina.

En esa transformación reside el alcance educativo del programa: acercar una experiencia territorial a la escuela y hacer de ese encuentro una oportunidad de aprendizaje, pertenencia y construcción de nuevas posibilidades.

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