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Diego Golombek: “La cronoeducación es fundamental y no le prestamos atención”

Por: Mauro Rey  |  Jueves 30 de Noviembre de 2023

En una gran charla, el divulgador explica la necesidad de un sistema científico fortificado y en relación estrecha con la educación.



La ciencia indica que el sueño después del aprendizaje es fundamental para la consolidación de la memoria humana. Asimismo, se cree que el sueño antes del aprendizaje es igualmente esencial para la formación de nuevos recuerdos.

Según el Observatorio de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), se demostró que el 75,95% de los argentinos presenta alteraciones del sueño de algún tipo.

Además, el Covid-19 trastornó nuestras rutinas. Así es cómo dormir mal, poco y a deshora genera somnolencia, mal humor y afecta nuestro metabolismo. Es una parte importante de nuestro ciclo vital.

Diego Golombek investiga sobre Cronobiología, el estudio de los ritmos circadianos, y es altamente reconocido en los ámbitos científicos. El investigador superior del CONICET asegura que “no sabe cómo llegó a inscribirse en la Facultad de Ciencias” porque su vida pasaba por las humanidades y las artes.

A pesar de no estar convencido sobre si continuar o no, encontró en la fisiología, especialmente en la investigación de las funciones del cerebro, la posibilidad de la existencia de un tiempo una pasión. 

Educrear (EC): ¿A qué nos referimos con la Cronobiología?

Diego Golombek (DG): Nosotros somos relojes con patas. Internamente tenemos un reloj que le dice al cuerpo que es. Existen diferentes ritmos biológicos, el más conocido es el de sueño y vigilia. Como bichos diurnos estamos hechos para estar activos durante el día y guardados (y dormidos) durante la noche. Actualmente la sociedad va en contra de ese mandato biológico evolutivo, robando horas nocturnas y no respetando la luz diurna. Esto es un problema preocupante en los adolescentes.

EC: Debido a…

DG: Los adolescentes son personas vespertinas (búhos, en la jerga científica), ya que las agujas de su reloj biológico apuntan hacia más tarde por lo tanto les resulta natural hacer todo más tarde. El problema se encuentra especialmente cuando se encuentran con que la secundaria comienza temprano y ellos están literalmente dormidos, pierden horas de sueño, no se exponen a la luz natural.

EC: Entonces hay un problema allí.

DG: El horario escolar es un ancla social porque depende del trabajo de los padres y moverlo es realmente complicado. Nos gustaría que la entrada en secundaria se corriera a las 8-8.30 am. Ese pequeño cambio puede ser enorme en los adolescentes. El concepto de neuroeducación, el de considerar los ritmos biológicos, es fundamental, pero no le prestamos demasiada atención.



EC: ¿Qué importancia tiene fomentar el pensamiento científico en los distintos grados de la escolaridad?

DG: Es un aspecto fundamental para entender los hechos de la ciencia. Lo más importante es poder pensar científicamente, analizar de manera racional, lógica, exenta de mitos y de milagros, juguetona, curiosa poniendo la mirada en la naturaleza y sobre nosotros mismos. Esto ocurre, principalmente, en el nivel inicial. En la primaria eso va decayendo y en la secundaria los contenidos están más encapsulados. Esta lógica es importantísima para cualquier carrera u oficio que desarrolle cualquier joven y, al incorporarlo, nos permite tomar mejores decisiones, ser menos prejuicioso, exigir y analizar evidencias de una forma más racional que sin duda apunta a una mejor ciudadanía.

EC: ¿Qué innovación es posible en la educación?

DG: Se trata de un campo tradicional y conservador, que no está mal que así sea. Claramente podemos innovar en ciertos aspectos. Con respecto a la ciencia: muchísimo para hacer aprendizaje por indagación, aprendizaje basado en proyectos, fomentar las preguntas permanentes, cambiar el mobiliario influye muchísimo, generar un enfoque experimental de la enseñanza de la ciencia permanente, aunque sea con situaciones y materiales cotidianos. Es necesario tomar decisiones y colaborar con el sistema científico para estar actualizado, tener una metodología y pensamiento científico, tan importante en las aulas.

EC: Siguiendo con este tema, ¿qué solidez tiene el sistema científico argentino?

DG: Históricamente es muy sólido y en parte por eso podemos responder cuando es requerido. Tal es el caso de la pandemia que se generaron kits de diagnóstico, terapias de tratamiento, una vacuna, guantes, barbijos o respiradores, entre tantas otras. Pero no todo son rosas: necesitamos una mayor inversión, más federalización, atender a las disciplinas recientes que tratan de vincular las ciencias con el sector privado. Es fundamental, en todo lo bueno que generamos, aprender a comunicar lo que hacemos, y la comunicación en este sistema es incipiente y la sociedad tiene que saber el trabajo que hacemos para ellos.

Golombek es divulgador y puede relacionar las ciencias con un asado hasta con el ejemplo de andar en bicicleta. Participa en programas de radio y televisión, es un escritor incansable. Su última publicación, “La ciencia de las (buenas) ideas”, plantea un método para producir conocimiento e innovación: una ciencia de la creatividad.

¿Hay una ciencia de las ideas? ¡Sí! Después de todo, las ideas no vienen de las hadas, de las musas ni de una inspiración súbita y genial, sino de esa maraña de neuronas y crianza, circuitos y experiencia que somos los seres humanos.

EC: ¿Qué te interesa contar de la ciencia?

DG: Una técnica para contar mejor la ciencia es utilizar la vida cotidiana y eso es lo que más me divierte, por eso escribo libros o participo en programas. Claramente el mundo de las ideas es sobre lo que nos atraviesa. Lo novedoso es que existe un método científico, hay papers, investigaciones que muestran de dónde salen las ideas, cómo se fomentan, que relación tiene el cerebro con la creatividad y la innovación.



EC: En tu libro expones que las ideas no aparecen de la nada. ¿Qué importancia tiene el ejercicio diario?

DG: Hay una idea errónea muy difundida de que existe algo llamado inspiración, como si de pronto una musa te sopla una gran idea al oído. Pero sí existe una receta infalible: trabajo, trabajo, trabajo, disrupción. Uno debe obsesionarse con un tema, un proyecto o una idea y realmente volverse un experto. También es necesario dar el permiso de correrse del trabajo y distraerse. Ese corrimiento permite asociar conceptos que hubo durante el proceso de trabajo y que aparezcan ideas nuevas. El trabajo o la disrupción por sí solo no garantiza una idea, tal vez en la combinación aparecen la creatividad y la innovación.

EC: Asique una cuestión importante es aburrirse

DG: Sí. Hay experimentos en los cuales un grupo de gente se divide en dos: un subgrupo se lo mantiene como control y el otro se aburre. Después de un tiempo, se les pide que resuelvan un problema con algún grado de creatividad para hacerlo. El que se aburrió tiende a resolverlo de una manera más creativa, como si el cerebro al aburrirse entrara en otra modalidad. Aburrirse permite la disrupción y la asociación de conceptos e ideas nuevas.

EC: ¿Qué aportes sentís que le brindó a la comunicación científica tu rol en la televisión?

DG: Es algo que, en primer lugar, me divierte muchísimo y es una forma espectacular de llegar de manera masiva a la población. Sabemos que los medios públicos alcanzan zonas muy alejadas de los centros urbanos. Mi aporte es de cierto personaje que tiene que ver con el arquetipo del científico al que se le exige respuestas racionales y que sepa de todo, aunque no tenga que saberlo. Al mismo tiempo le doy una mirada lúdica y entretenida, no por eso menos rigurosa. Me interesa aportar el formato de la ciencia de la vida cotidiana, uno puede estar hablando de un partido y meter ciencia de contrabando.

EC: ¿Qué te produce que un presidente electo despotrique contra la ciencia argentina?

DG: Me remito a una frase de Bertolt Brecht: “es curioso que, en ciertas épocas, tenemos que volver a explicar lo obvio”. Es necesario explicar porque la ciencia y la tecnología están en la base del desarrollo de un país. Sin ciencia no tendríamos desarrollo productivo, no habría Vaca Muerta, gasoductos, vacunas, satélites, un sistema que trate de entender el chadas o la contaminación de nuestros ríos o la importancia de nuestros ecosistemas. Tener que explicar estos temas me genera escozor, pero es necesario y esta manera agresiva que nos pone el candidato a presidente nos interpela a contar lo que hacemos para que no puedan sacarlo de contexto. Un sistema científico como el argentino es sólido, pero destruirlo puede generar que no se recupere más o que tarde demasiado. El tiempo perdido es una baja en la calidad de vida o de salud y, en general, de economía. ¡Viva la ciencia y la tecnología Argentina!


 

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